25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género: «relacionándonos en el camino de los buenos tratos»

Para evitar los malos tratos queremos trabajar en el camino de los buenos tratos y para ello, una vez más os animamos a trabajar coeducativamente.

La coeducación pretende educar desde la igualdad de género para erradicar formas de desigualdad que generan formas de discriminación, de las cuales la más dramática es la violencia de género. Por tanto, se trata de educar para cambiar prácticas de malos tratos (violencia, agresividad, discriminación…) por prácticas de buenos tratos (convivencia, cooperación, colaboración…).

Para ello nos parece imprescindible dar a las relaciones la importancia que se merecen, creando un clima que rompa con los estereotipos de género y potenciando relaciones de reconocimiento mutuo y comunicación. Para educar en buenos tratos, es imprescindible trabajar la autoestima, la igualdad y aprender a tratar bien, es por ello que estos serán los tres ejes entorno a los que girarán nuestras actividades para hacer frente a la violencia machista.

Cuando el alumnado llega a la escuela trae roles y modelos muy arraigados, la mayoría de los chicos tienen muy interiorizado el modelo tradicional de masculinidad: fuerza, poder, competitividad…, y mientras no lo cambiemos, trabajar en igualdad va a ser muy difícil. Por ello, todos los sectores y agentes sociales: familia, escuela, empresa, medios de comunicación… nos tenemos que implicar y trabajar para cambiar los modelos y estereotipos que hoy en día todavía están presentes, de manera que la violencia sexista no tenga ninguna justificación. La implicación de todos y todas es imprescindible, al fin y al cabo vivir en igualdad nos enriquece.

La única manera de hacer frente a los malos tratos, es mediante los buenos tratos. Tenemos que proveer al alumnado, a chicos y a chicas, de los recursos necesarios para poder emprender ese camino, para que puedan cambiar el modelo que conocen. Educar en coeducación es, a nuestro parecer, la mejor vía.

La autoestima es el grado de aceptación y el concepto que cada uno tiene de sí mismo. Depende de las relaciones que desde la infancia se establecen en la familia, en la escuela y con las amistades. Debemos potenciar la autoestima de su alumnado, resaltando sus buenas cualidades y animándole a desarrollarlas. Nadie puede tener una mínima autoestima si no es estimado en alguna medida, pues ésta descansa en el reconocimiento de los demás.

No podemos olvidar, asimismo, que la autoestima se desarrolla gracias a nuestra capacidad de respeto y a la valoración de las demás personas y debemos alejarnos del egocentrismo y la prepotencia. Ahora bien, no debemos perder de vista que las capacidades y metas siguen estando cruzadas por los estereotipos de género. Hay expectativas que se ajustan más a un “modelo de chica” y otras a un “modelo de chico”. Debemos estar alerta para que las chicas no se estimen y sean estimadas más por una serie de capacidades y los chicos por otras que estén marcadas por los estereotipos sexistas.

Diversos estudios nos confirman la existencia de dos mundos de autoestima: el de las chicas y el de los chicos y por extensión el de las mujeres y hombres. Las chicas se autoinculpan más de los fallos, mientras que atribuyen los éxitos al azar o a sucesos estrenos; con los chicos les sucede lo contrario: atribuyen al azar y a las circunstancias externas los fracasos y los éxitos a su valía.

Aunque las leyes de nuestro país contemplan de una manera explícita la igualdad entre varones y mujeres, sin embargo su implantación práctica requiere tiempo y esfuerzo añadidos, pues todavía podemos ver, tanto en el mundo escolar como fuera de él, conductas que denotan la pervivencia del sexismo.

La mayoría de las veces estos comportamientos son producto de nuestros automatismos conductuales que, en gran medida, son prerreflexivos y pueden, incluso, estar en contradicción con nuestras creencias, ya que el campo emocional, que es a la vez individual y social, es el lugar de resistencia, muchas veces inconsciente, a las transformaciones sociales. Tenemos el deber de pensar en qué medida desde el ámbito de la educación académica contribuimos a la construcción del género, y de hacer el ejercicio de pensar en individuos sin el velo del género, es decir, con sus propios deseos, gustos, estilos, etc., sin tener que adecuarlos a un género determinado, sino a normas de respeto y convivencia iguales para todas y todos. Esto supone sospechar de todo y aplicar el test de la inversión, es decir, ¿pensaría, diría, esperaría esto del mismo modo si fuese chica o si fuese chico? También supone aplicar medidas de corrección para aquellas situaciones que nos encontramos ya hechas, pues no debemos olvidar que los estereotipos de género se empiezan a construir desde la primera infancia.

En gran medida el modelo de relaciones interpersonales se trasmite. Para terminar con los malos tratos tenemos que aprender a relacionarnos de manera positiva, en resumidas cuentas, a tratarnos bien. Tenemos que ofrecer a alumnado los recursos necesarios para identificar todo tipo de malos tratos, así como para relacionarse de la manera adecuada. Tenemos que ser el motor del cambio de valores que permita acabar con los estereotipos interiorizados por el hecho de nacer niño o niña y favorecer relaciones de respeto, comunicación e igualdad.

¿QUÉ PRÓPOSITOS TIENEN ESTAS ACTIVIDADES?

Ante la necesidad de sensibilizar al entorno acerca de las repercusiones que tienen nuestras acciones en los demás, surgen los siguientes propósitos:

– Reflexionar sobre las acciones propias que fomentan el buen trato en los demás.

– Utilizar habilidades y actitudes básicas que enriquezcan la convivencia, como la gratitud y cortesía.

– Mostrar interés por los sentimientos de los demás fomentando valores como la empatía y la amistad.

– Trasmitir de manera transversal valores de respeto, confianza, autoconfianza, protección y autocontrol.

– Tomar decisiones grupales potenciando conductas de colaboración y cooperación grupal.

– Descubrir y reflexionar a través del juego, que aspectos suman y/o restan para convivir y vivir en igualdad.

Desde nuestro centro animamos a las familias a trabajar con sus hijos e hijas durante la próxima semana, como también lo haremos en las aulas, en torno al buen trato y contra la violencia de género. Para ello os proponemos algunas actividades y os facilitamos algunos documentos que podéis descargar desde esta página y que os pueden ayudar en este trabajo:

PROPUESTA DE ACTIVIDADES

-Calendario de la corresponsabilidad 

Con este juego, vamos a hacer un calendario con el que repartir de forma equilibrada las tareas del hogar, de modo que todos participen en ellas. Para ello, recortaremos dos círculos de cartulina, uno más grande que el otro, y colocaremos el más pequeño sobre el mayor, sujetándolos con una chincheta en el centro. En cada apartado del círculo interior, escribiremos los nombres de cada miembro de la familia. También podemos ser más creativos y animar a los niños a pegar una foto o hacer un dibujo. En cada apartado del círculo más grande, dibujamos las tareas que se deberán repartir. Cada semana, haremos girar el calendario para variar los turnos. 

El árbol violeta 

Con esta actividad, vamos a ponernos las gafas violetas para echar una mirada a nuestro árbol familiar. Para ello, los niños tendrán que preguntar acerca de las mujeres de su familia, remontándose tres generaciones (bisabuela, abuela y madre). Tendrán que investigar cómo vivían, en qué trabajaban y qué podían hacer y qué no.  

Después, elaboramos nuestro árbol genealógico violeta con toda esta información de la forma más creativa posible. Podemos hacer dibujos, collages o pequeñas redacciones. Es una manera muy interesante de hacer que los niños comprendan cómo han cambiado las condiciones de vida para la mujer a lo largo de las generaciones. 

-¡A elegir juguetes! 

Los catálogos de las jugueterías suelen estar repletos de publicidad sexista que fomenta los estereotipos de género. Pedimos a los niños que echen un vistazo a uno de ellos y elijan los juguetes que más les han llamado la atención o con los que les gustaría jugar. Después, pueden reflexionar sobre qué les parece que estén divididos en dos clases: para niños y para niñas. 

Una vez hecho esto, podemos pedirles que elaboren un catálogo no sexista que evite estereotipos de género. Dibujos, collages o cualquier técnica que se les ocurra son buenas herramientas. ¡La imaginación al poder! 

-El juego de las tarjetas 

Crea unas sencillas tarjetas con cartulina. Escribe en parte de ellas frases sobre la igualdad y, en las restantes, estereotipos sexistas. Por ejemplo, puedes poner afirmaciones como “los niños y las niñas somos iguales”, “los niños juegan mejor al fútbol que las niñas” o “los niños no saben coser”. Cada vez que saques una, los niños deberán decir si piensan que la afirmación que aparezca en ella es verdadera o falsa y el motivo. De este modo, empezarás a trabajar en eliminar creencias equivocadas sobre los sexos. 

Igualdad y corresponsabilidad 

Entregamos papel y bolígrafo a todos los niños y hacemos que escriban un listado de tareas cotidianas que hacen los diferentes miembros de su familia. Al lado de cada una de las tareas deberán poner el nombre de quién la realiza. A las labores domésticas hay que añadir otras como el trabajo, el estudio, los deberes del cole o las extraescolares. Cada una suma un punto en el casillero del miembro de la familia. De este modo, los niños verán quién ocupa más tiempo en el trabajo diario. La segunda parte de estos juegos de igualdad consistirá en fomentar la corresponsabilidad y redistribuir las tareas entre los miembros de la familia. 

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